La labor de escribir no ha quedado abandonada en absoluto aunque haya momentos de parón, de una especie de bloqueo. La mente sigue trabajando en la historia de otra forma aunque no esté materializada en palabras. Esos momento intangibles de creación son tan importantes como los propios de la escritura. Y esto no lo digo yo... Estas últimas semanas tuve ocasión de acudir a una mesa de debate con Ray Loriga, escritor al que también admiro y me une una amistad común con otro de los escritores que conozco.
En el discurso de Loriga y de Mario Cuenca Sandoval (quien acompañaba en la mesa debate), se hablaba de cómo "escribir es intentar saber qué escribiríamos si escribiésemos". Ese momento justamente de descubrirse como escritor y luchar contra esos fantasmas que son nuestras voces interiores que no validan nuestras líneas y bloquean nuestra creatividad.
He descubierto que es una causa común este momento medio depresivo o de auto sabotaje, de pensar que lo que llevas escrito es una mierda y se va a la papelera. No soy yo -especialmente- por ser novel o "principianta" en las artes de la escritura literaria, es que a todos de alguna manera les pasa más a menudo de lo que pudiera parecer. Y qué bonito, porque forma parte de ese respeto que finalmente se le tiene a los otros grandes literatos de la historia que ya han publicado grandes obras y disfrutas como lector, y al arte mismo de ser escritor.
Bueno, ese bloqueo se termina con movimiento. Es decir, escribir por alguno de esos métodos de escritura automática, creando listas de palabras, listas de recuerdos sugerentes de nuestra memoria que evocarán nuestro relato, o bien por una imagen o fotografía que nos saque de ese lugar en el que nos hemos anclado y que finalmente nos llevará a expresar, a contar una historia. Precisamente, para tener el hábito de unir palabras con sentido para formar un todo, me he inscrito en un taller de narrativa avanzada de la Red de Bibliotecas Municipales con Mario Cuenca que irá encaminada al relato corto. Y ahí estamos.
Ejercitar con estos consejos y ejercicios en grupo, escuchar sus opiniones y las de compañeros para nutrir mi estilo, mi tono narrativo creo que es una de las decisiones más inteligentes de este año. Ahora sigo dando pasos firmes hacia ese lugar que es publicar una novela. ¿Empezar por el relato? Bien, no está nada mal. Al fin y al cabo ya tenía de todos estos años una carpeta con pequeños relatos escritos y es un ejercicio que también me gusta practicar. Voy a acudir a estas sesiones hasta allá por abril o mayo con la firme intención en el horizonte de no abandonar en mi empeño, de demostrar el movimiento andando, caminando por la senda literaria, aunque sea con ejercicios de relato corto. Que por cierto, no es un arte menor, en absoluto.
Para mi ahora lo más ilusionante y valioso es volverme a activar y nutrirme intensamente de buenos consejos, de opiniones de compañeros que harán de lectores de mis textos, tomar buena nota de todo y seguir fraguando aquello con lo que sueño. No es poco, ¿verdad? Así que paso firme y decidido, que el movimiento se demuestra andando y de a poquito, cada día ser menos impostora de este humilde arte de ser escritora.

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