No es baladí, no me lo parece en absoluto y a ti, lector -y "supporter"- tampoco te lo debería parecer. Aún cuando yo disponga de todo lo necesario, las destrezas, la idea clara y los personajes bien definidos sobre el papel, asaltaría esta cuestión constantemente. ¿Cuándo me siento a escribir? Concentración...
Curiosamente y como claro ejemplo sin ir más lejos, ahora mismo, en este preciso instante que me siento a escribir estas pocas de líneas de este blog, mi pequeño retoño ha tenido la genial idea de ofrecerme un concierto en directo con su guitarra de juguete de Imaginarium. ¿Por qué no? Yo estoy a tope con el talento creativo de mi hijo, le tendré que prestar mínima atención, por supuesto. Aquí tengo al miembro que le falta a los Metallica... ¿Nivel de concentración del que dispongo en este momento? Diría que 4 sobre 10.... La mente de una madre da para mucho pero tener la concentración dividida es un pequeñito problema a la hora de juntar palabras con cierto sentido y coherencia.
Me ocurre esto una y otra vez para sentarme diariamente como se presupone y se exige para escribir un libro, uno de calidad claro. No encuentro el momento adecuado o siempre hay algo más importante que hacer ¿Cuál es la mejor hora en mi caso? ¿Soy de creatividad diurna o nocturna? ¿Qué número de horas le dedico a diario, haya o no inspiración? O más allá todavía... el fondo de la cuestión... ¿qué prioridad tiene para mi hacer este trabajo de escribir mi novela?
Muchas de estas preguntas he tenido la oportunidad de trasladárselas directamente a los escritores que he tenido la suerte de entrevistar a lo largo de mi carrera periodística. A todos, sin falta le he hecho esta cuestión, porque como yo indirectamente ya he estado buscando ese empujón para animarme a formar parte del club de escritores publicados. Desde Pérez Reverte a Ken Follet, Arriaga, Fadanelli, Cercas, Grandes y otro montón de nombres que no voy a mencionar para no dejarme ninguno en el tintero, les he preguntado cómo hacen para escribir cuando creen que no hay inspiración ese día. ¿Cómo es el solitario proceso creativo de escribir?
Sorprendentemente alguno me ha respondido que esto es como un gimnasio. Y me vale el símil porque es otro hábito que intento asumir en mi vida para el que me falta igualmente tiempo. Todos los días hay que ir a entrenar, con o sin ganas, hacer pesas aún cuando nos da agujetas o fatiga. El señor Follet conocido mundialmente por sus novelas históricas que bien podrían ser precisamente los Pilares de la Tierra, me contó que se levanta a las 7 am y escribe hasta las 13 pm que es la hora de comer. Así escriba un párrafo, una página o un capítulo entero... Todos los días tiene el trabajo y la dedicación de continuar aportando a su novela y ya lo creo que escribe...Amigos, eso es lo que a mi me falta. No me cabe duda. Salir a entrenar más y tener en mi rutina diaria ese horario reservado precisamente a esta actividad, el noble arte de escribir. Como en el deporte... no hay excusas. Las musas llegan cuando estás trabajando que es otro de esos populares mantras creativos, muy manido pero no por ello menos cierto.
Y como ya había apuntado más arriba. Mi propósito o misión es clara pero... ¿estoy realmente convencida de hacerlo? Porque si así fuera le daría una prioridad, un lugar destacado en mi agenda diaria que ahora mismo no estoy haciendo. Eso es clave. Admiro esos escritores noveles que dicen, escribí mi libro en un verano, en tres meses sentándome mañana, tarde y noche a escribir... Es eso. Sé que me estoy concienciando aún, estoy entrenando suave- porque precisamente os traslado este blog con cierta frecuencia-, pero me falta sacarme el bono completo del gimnasio y hacer mi plan diario de entrenamiento. Es decir, establecer los hitos y metas, marcar claramente el horario y sentarme con toda mi concentración a escribir de forma diaria. Solo así veré los resultados. Venga....


Comentarios
Publicar un comentario